lunes, 20 de septiembre de 2010

Distintos fragmentos.. Para ir leyendo......

Nunca se supo si Anita quiso nacer. O quizás lo que hizo fue una broma de mal gusto. O mejor dicho, dos bromas y las dos de mal gusto.
Pocas horas antes de nacer, los médicos decidieron hacerle a Ángela una cesárea urgente. Anita, no daba señales de vida.
En realidad Anita debió nacer unos 20 días antes del real día de su nacimiento. Si, Anita, finalmente nació. Pero no, ese día, no había señales que indicaran su nacimiento.
Ángela se sentía bien, iba y venía como todos los día., Hacia las compras diarias. Pasaban los días y nada por aquí, nada por allá.


Anita era Anita aquí y era Mónica apenas cruzaba el charco.
Su madre y abuelos eran uruguayos. Y su abuela materna jamás aceptó que la hayan bautizado con el nombre de la otra abuela.
Celosa, decidió unilateralmente llamarla por su segundo nombre: Mónica.
Su mamá nunca lo cuestionó.
Su hermana menor, acompañante de viajes, se acoplaba a la abuela y también solía llamarla Mónica.
Anita aceptó sin protestar este nuevo bautismo.



A Anita no la enviaron al jardín de infantes.
Fue una decisión unánime de sus padres. Así que su única relación con niños de su edad fue con su hermana menor.
Tampoco niños vecinos, ni colonia de verano.
En el Uruguay, sus abuelos, eran su única compañía.
Todos los alumnos de todos los grados formaron fila largas- Anita se colocó junto a su grupo de primer grado, sección B del turno tarde. Miró a su maestra, una mujer regordeta y bajita, de cara redondísima. Labios pintados de color rojo.
Acto seguido el siempre discurso de la directora, la entrada de la bandera de ceremonias, entonaron el himno (Anita no pudo, no lo sabía).
Anita estaba parada en el centro de ese enorme patio de gradas, miraba todo a su alrededor. Estaba por primera vez entre tantos chicos.
No recuerda haberse despedido de su mamá, tampoco de la voz de la maestra alentando a sus alumnos a seguirla hasta el salón correspondiente, pero de repente Anita estaba sola en ese inmenso patio de gradas.


Anita amaba a sus padres. Y a su hermana.
Vivieron todos juntos hasta los 6 años de Anita, luego se separaron.
Ángela se casó un mes después de cumplir los 32 años. Por aquella época, Ángela cosía en la casa de una familia de inmigrantes y con el tiempo se hizo muy amiga de Elsa, la hija de la dueña de casa.
Elsa le presentó a su hermano menor, Hristo varios años mayor que Ángela.
Enseguida Ángela y Hristo simpatizaron y decidieron casarse. A los dos años nació Anita y un par de años después, Sandra.
Cuando la convivencia era un caos para todos, Ángela tomó la dura decisión de terminar su matrimonio. Nunca más Ángela supo de su marido. Tampoco sus hijas.


Las cosas para Ángela se complicaron significativamente. Sola y con 2 hijas todavía chicas, Anita por cumplir sus 15 años y Sandra apenas cumplidos los 12, su economía se derrumbaba día tras día.
Fue entonces cuando aceptó el ofrecimiento de trabajar en casa de una familia en los EE UU y poder entonces mandar dinero a sus hijas que quedaron al cuidado de su abuela materna que se instaló en Buenos Aires.